Tres retratos del deseo

En la tina
Ese día yo tenía un examen en el ramo de Ontología del Lenguaje. Había estudiado bastante. Estaba preparado. La clase empezaba a las 13.45 y terminaba a las 17.00. Yo ya había almorzado en mi casa. Me encontraba solo. Eran las 12.30 así que para mí no había problema en que esta chica me viniera a ver. Le iba a ofrecer un cafecito ya que iba a andar por esos lados en una entrevista de trabajo. El sábado habíamos conversado harto en el messenger. Y antes de eso habíamos decidido no volver a hablarnos ni vernos.
A eso de las 12.30 entonces sonó el timbre. Era ella. Le abrí la puerta, la hice pasar, le di café.

Se veía súper bien con una tenida medio formal. Llevaba falda corta y medias oscuras. La senti perfumada. Me agradó. La pobre andaba resfriada. Antes de que ella se fuera nos sentamos en el sofá a conversar un poco y escuchar música. Antes de que le dijera que tenía que irme le di un abrazo de despedida.
Y nuestras mejillas se unieron, se rozaron y frotaron un instante intenso. La apreté a mí y luego la tumbé sobre el sofá. Me tiré encima de ella y la empecé a besar en la cara, la boca, el cuello ... Mis dientes eran más dientes tratando de desabotonar la blusa lo cual conseguí por lo menos para llegar a los pechos. Su boca cogía mi oreja y mi nuca y mi cuello ... me daba mordiscos ricos. Mi mano retiraba presurosa sus medias para descubrir su entrepierna y sentir el calor de esa zona. Al momento de sentir mis dedos ahí ella me empujó hacia atrás dejándome boca arriba y en segundos me bajó los pantalones para enseguida atraparme con su boca. Su boca apretaba y se paseaba por mi pudenda zona de una manera voraz y placentera ( En ese momento ignoraba que en los siguientes meses eso mejoraría ).
Fuimos a la habitación y allí desordenamos la cama ... Primero ella mirando hacia el cielo reflejado en mis ojos. Mis ojos horadaban su ser para hacerla entrar en mí al entrar yo en ella. Se apretaba a mí; con sus dedos me empujaba por las nalgas; abrazaba mi cintura con sus piernas. Luego de un rato ella se sentaba en el trono que yo le ofrecía y hacía uso y abuso de su poder. Mis manos se apoderaban de sus redondos pechos y los apretaban. Mis labios y lengua y dientes chupaban sus pezones tratando de perpetuar su sabor rojizo en el paladar. Su pelo hacía cosquillas en mi cuello, me tapaba los ojos, sentía su aroma que ahora con el sudor la convertía en la mujer caníbal. Mi pelvis era la punta de iceberg de mi ser que la empujaba a ella hacia arriba. Tanto la empujaba y variando el ritmo y la profundidad que se me antojaba pensar que iba a hacer un hoyo en el techo con su cabeza.
Luego de quien sabe cuantos minutos nos dirigimos al baño.
Ahí nos metimos en la tina y continúamos. Ahí puse sus muslos sobre mis hombros para acercar mi cara a su entrepierna que me empezaba a hablar ya. Entendía su idioma. Cada vez me era más familiar. Al parecer su entrepierna y yo estábamos destinados a llevarnos bien. Me encontré a mí mismo ahí. Conversé un buen rato con ella. Su clitoris se me alzaba casi con una sonrisa. Le dediqué lo mejor de mi lengua. Y fue ahí que en el agua chapoteamos hasta decir basta. Pero basta no signficaba terminar. Basta era solamente una pausa para luego apretar play de nuevo.De pronto apareció el momento de salir de ahí. De secarnos y vestirnos y despedirnos. En mi mente pensé " fue muy bueno". Pero tanto a ella como a mí todavía nos esperaban jornadas mejores. Creo que en ese instante desistimos de la idea de dejar de vernos.
La fui a dejar a la micro. Luego de ahí partí al institutors. Me encontré con un compañero que me contó que el examen estaba fácil. Después me encontré con la profe y me dijo que la semana siguiente repetiría la prueba para los que les había ido mal ahora y para los que, como en mi caso, no habían podido estar presentes. Uuuff. Me salvé.
Caminé dentro del institutors. Subi escaleras. Veía a los chicos y chicas estudiantes y pensaba para mí mismo : " ellos y ellas lo habrán pasado tan bien como yo ? o lo pasarán bien esta noche, o mañana o este wikén ? "
Vino un sábado cuando nos juntamos en el metro Baquedano. Ahí estabas esperándome. Me acerqué por detrás y sentí tu boca con sabor a menta. Caminamos hacia el sur hasta Sta. Isabel. Ahí estuvimos un rato conversando, mirando el cielo que indeciso se cerraba y abría. Me usaste como caballito, yo miraba hacia arriba y me encontraba con tu cara. Ahora con la perspectiva del tiempo te recuerdo como Elmira, la que acompaña a Pinky y Cerebro.Luego caminamos a Bellavista. Deambulando. Besándonos en cada esquina. Llegando de vuelta al río. Contra un árbol te puse, con mi mano erizándote la piel al pasar por tu espalda. Dejaste que mis dedos llegaran a deslizarse bajo tus jeans y pude comprobar que estabas húmeda.
Abajo el río se deslizaba en pausado pero sonoro transcurrir. ¿Cuánto más transcurriría ese momento ?
El puente arqueado se hizo lento mientras lo caminamos.
Al otro día tu espalda se arquearía con mi tacto.
Llegamos a la oscuridad del parque Balmaceda donde locos de pasión nos sentamos a devorarnos escondidos pero presentes ante todo el mundo. Solos, nadie cerca. Los automóviles corrían frente a nosotros, pero nadie nos veía. Más acompañados que la primera noche juntos, en otro parque ... Tú no me querías dejar ir hasta no haberme tocado como querías. Miraste para todos lados y agarraste mis pantalones para bajarlos, ahí en la banca. Acaricié tu pelo, te toqué la frente, tenías los ojos cerrados concentrada en lo tuyo. Tu lengua brillaba sedienta y húmedecida. El río continuaba corriendo, tal vez envidioso. No estábamos ahí. Estábamos en nuestros cuerpos. Nuestro deseo nos controlaba ... Te pusiste a espaldas de mí y te sentaste sobre mí. Yo te agarraba para permitir que te movieras. No era el lugar más cómodo pero conseguiste sentirme dentro. Un ciclista pasó a nuestras espaldas. Ahí en la banca.
Al otro día nos vimos en tu casa y fue ahí que terminaste de conocer mi cuerpo. Dejé que probaras más sabores de mí. No abrí los ojos hasta que cerraste la boca y nos abrazamos para descansar de ese momento loco. Tu pelo mojado se sentía exquisito. Ya habría momento para continuar ... En la pared estaba el dibujo que habías hecho del Principito.
El momento que vino enseguida, en días siguientes, meses siguientes, fue cuando hacíamos lo posible por hacernos explotar como minas antipersonales. No dejamos que el yacimiento de oro dejara ninguna piedra escondida. Había que hacerlo relucir ante el mundo.
Dos lenguas se juntaban.
Te despojaba de tus medias caladas para llegar a tus muslos y enloquecerte con mi lengua, no soportabas subir tanto por la ola hawaiana a la que te llevaba. Así que te dejaba tranquila con eso y te agarraba las caderas para voltearte y levantabas tus nalgas sin hablarme o parece que lo hacías con una vocecilla de niña pidiendo su castigo. Así que yo seguía adelante y tomaba control de la nave desquiciada, jalaba de tus cabellos como a la vela que recibe la furiosidad de los vientos de Humboldt.
Cojiste un espejo para ver tu propio rostro transfigurado, tus ojos semicerrados. El mismo espejo puse frente a nosotros para que ambos pudiéramos ver el mecanismo que ocurría cuando mi carne se fundía con la tuya. Era como escuchar una conversación ajena. Pero no. Era nuestra.
Como cuadrúpedos éramos los dos, sentías mi respiración en tu nuca, y yo sentía que me absorbías más a medida que empujaba o trataba de empujar hacia la eternidad.
Un momento largo muy muy muy largo...
¿ Cuánto más transcurrió ?
Bueno.
De pronto dejó de transcurrir de a poco...
Varios varios días después de eso una chica pelirroja se comunica conmigo. Me dice que está sola y aburrida. Con ella debo haber hablado unas cinco veces. Le digo si quiere que la vaya a ver, me dice que bueno. Me da la dirección.
Tomo el metro y luego una micro en Pedro de valdivia. Y me bajo en avda. Sucre.
Me acerco a la dirección. Toco un timbre, una voz me contesta, se abre la puerta al toque de un botón. Me acerco a unos departamentos. Una cabellera rojiza desde un tercer piso me empieza a hablar y me indica por donde subir, por qué puerta entrar. Entonces subo. Un lugar estrecho. Me recibe un tanto ansiosa, pero de esa ansiedad de quien recibe a la tía inoportuna y no haya la hora de que se vaya la vieja gagá. Yo ando con mi bolsito ejecutivo. Ahí llevo cadenas, sogas, alfileres, globos, cornetas y otros utensilios que me pueden ser útiles. Uno nunca sabe... Ya. Entonces tomemos once, me dice. Es llegar y sentarse. Está todo listo. Me estaba esperando muy bien. Té, pan con palta y en la tele dan Rojo. Conversamos de esto y de aquello. Me habla de su familia que está en otra ciudad, de su novio que está en otro país. Le hablo de mi relación, que está en un stand-by. Pronto terminamos la once y en la pantalla a color, recibiendo la señal por aire, veo a Fernanda Urrejola drogadicta, sufriendo a causa de que Benjamín Vicuña es un puto.
Retiramos la mesa. La ayudo a lavar los platos. No diré qué parte hice yo. Ella bromea un poco con mi estatura. No me molesta. Lo tomo con el mejor humor de Pato Gúzman ( ¿ así se llamaba el mexicano que imitaba?).
Y conversamos y conversamos. Voy al baño a lavarme. Salgo y ella entonces entra a su vez al baño. Merodeo. No hay mucho por donde merodear en todo caso. Entro a una habitación que tiene hartos peluches. Algunos frascos con perfume. Ella se acerca y me quita el frasco y me echa a mí y a ella también, acerco mi nariz para olfatearle el cuello. Huele bien. Me toma la mano, "mira, apuesto que nunca habías visto algo así". Y me conduce a otra habitación, nos sentamos en la cama y claro, ahí veo algo que no había visto antes : una tele con orejas de Mickey Mouse. Ahi entonces me acerco a ella y comienzo a frotar suave mi nariz, mejilla, labios y mentón por su cuello. La empiezo a besar por la garganta. Se le puso la carne de gallina ... Ella acaricia mi oreja, acerco mis labios a los suyos. Nos besamos de manera sutil y luego agresiva. De manera superficial y luego cada vez más profunda... Ella agarra mi nuca con sus dedos, acariciándola. Me levanta la camisa para pasar sus dedos por mi espalda y mi pecho. Besa, lame y chupa mi torso. Yo, haciéndole eco, le levanto la blusa y le quito una prenda de color vainilla. Luego beso sus erectos botoncitos. Nos recostamos y abrazamos ya con la parte de arriba de nuestros cuerpos desnuda. Y empezando a tocarnos los muslos, las entrepiernas. Entrecruzamos nuestras piernas. Meto mi mano por debajo de su pantalón y llego a sus nalgas ; ella a su vez lame mi ombligo pero es su mano la que desliza por debajo de mis boxers. Y nos seguimos besando con los ojos cerrados y con la luz prendida, la tele de Mickey Mouse frente a nosotros y la Urrejola rompiendo en llanto en el comedor. Hasta que suena el teléfono y ella se coloca la blusa rápidamente.Me incorporo. Me arreglo. Ella me acompaña a tomar micro. Al parecer quien llamaba era la mujer con la cual ella vive. Pero no. Era otra persona. Pero esa otra mujer podía llegar en cualquier momento. Llegamos al paradero. Y continuamos lo que dejamos en la cama. Ahora con menos luz pero con gente pasando por el lado. Ella se para y dice que va a la casa para llamar a la otra mujer y saber si viene luego. Me dice que si viene mi micro y la tomo que me cuide. Un beso en la mejilla y ella se va. En ese momento decido que no la esperaré a que vuelva. Llega la micro y la tomo. No volvi a la cama con la pelirroja.
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